El poder del antes y el después

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Hace varios años, mi buen amigo Alex fue a un monasterio budista en Tailandia para practicar la atención plena y la meditación durante un año. Pasó la mayor parte del tiempo allí en silencio, ya sea realizando tareas en el monasterio o simplemente sentada y en el momento. Su tiempo en el monasterio estaba destinado a ayudarla a aprender cómo mantener su mente enfocada en una conciencia deliberada del momento presente. Durante las comidas, por ejemplo, le enseñaron a pensar tres veces en todo lo que hacía: «levantar el tenedor, levantar el tenedor, levantar el tenedor», «tomar un bocado, tomar un bocado, tomar un bocado». Entiendes la idea.

Alex aprendió mucho durante su tiempo en el monasterio. Aprendió cómo dejar pasar las cosas, cómo reducir la velocidad y, lo más importante, cómo mantenerse conectada con el momento presente de una manera que pocas personas pueden hacerlo. Pero la experiencia no fue del todo positiva. Después de que las semanas se convirtieran en meses de estar sentada, en silencio y en condiciones austeras, sintió que su cordura se desvanecía y tuvo que irse antes de completar su año.

Alex me impresionó adecuadamente cuando me contó esta historia. Los gurús de la autoayuda de la nueva era como Eckhart Tolle (Tel poder del ahora), expertos en mindfulness como Jon Kabat Zinn (Dondequiera que vaya, ahí estás), e incluso ha sido el tema de esta misma columna (Lecciones de respiración, Invierno de 2007). Pero personalmente, la idea de permanecer conectado con el momento presente durante semanas o meses seguidos, aunque es impresionante, parece algo fuera del alcance de mi mente inquieta. ¿Es «estar presente» realmente todo lo que parece ser?

Según Martin Seligman, autor de Felicidad auténtica y el fundador de la Psicología Positiva, «el momento presente está sobrevalorado». Su investigación sobre la felicidad humana sugiere que la felicidad no ocurre en el «ahora», sino que es una función de nuestro pasado y futuro. Aquellos que muestran la mayor satisfacción con la vida tienen un sentido de gratitud y aprecio por su pasado, un sentido de significado sobre sus logros personales y un sentido de esperanza y optimismo al anticipar el futuro.

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Incluso «fluir», definido como una forma de compromiso total con lo que uno está haciendo (como lo acuñó Mihaly Csikszentmihalyi en el libro del mismo nombre) no es un estado que exista únicamente en el momento presente. Este tipo de compromiso total ocurre cuando sentimos que estamos haciendo algo ahora que desarrollará nuestro yo futuro. El placer hedonista se puede encontrar en el momento, pero el flujo ocurre cuando trabajamos hacia algo significativo y nos sentimos desafiados a aprender y crecer.

Los beneficios de las prácticas de atención plena pueden tener menos que ver con «el poder del ahora» y más con entrenar nuestras mentes para concentrarse en cualquier cosa, ya sea en el momento presente, en lo que desayunamos esa mañana o en contemplar nuestro propio vientre. botones. La meditación y otras prácticas de atención plena nos enseñan cómo enfocar nuestra atención voluntariamente hacia lo que queremos o valoramos, en lugar de ser arrastrada hacia lo que tememos o lamentamos. Esto nos ayuda a concentrarnos en los buenos momentos de nuestro pasado en lugar de rumiar los malos. Nos permite evitar preocuparnos por el futuro y, en cambio, desarrollar estrategias de metas en torno a las cosas que esperamos. La disciplina en torno a tal práctica nos ayuda a evitar impulsos nocivos y a llevar una vida con más propósito.

Tal vez sea necesario redefinir la atención plena. Quizás no sea solo una conciencia de este momento presente, sino más bien una conciencia de cómo este momento se relaciona con nuestro pasado y nuestro futuro. Después de todo, el pasado no es más que una colección de momentos presentes anteriores, y el futuro estará determinado por cómo decidamos pasar este momento. Entonces, ¿cómo sería una práctica de mindfulness si no se centrara en el presente? Considere sentarse en silencio y meditar sobre estas ideas:

  1. ¿Qué es lo que más aprecia de su pasado?
  2. ¿De qué estás agradecido ahora y cuáles son las circunstancias de tu pasado que te trajeron estas cosas?
  3. ¿Qué esperas en el futuro? ¿Qué esperas? ¿Qué estás haciendo ahora que hará realidad tus esperanzas?

En cuanto a mi amiga Alex, se recuperó bastante bien de su experiencia monástica y sigue siendo una de las personas más arraigadas que conozco. Hay muchos beneficios en la práctica de ser más consciente, más consciente e incluso más presente. Pero no olvides de dónde vienes y no olvides a dónde vas. No olvides el poder del antes y el después.

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